Nuestro corto también tenía sabor español, ambientado en los aledaños de la guerra civil, se adentraba en las salas de baile donde solían ir los hombres de la época a echarse unos pases de baile buscando más que nada la compañía femenina.
Nuestra película fue una buena muestra del cine clásico en blanco y negro, adaptación y fusión de dos obras teatrales de Terence Rattigan, que entusiasmó a nuestros amigos por el perfil perfectamente delineado de todos los personajes y el peso de los diálogos.
Pasamos una buena tarde, que coronamos, como no, con una copa vino y unos aperitivos en nuestra tertulia cinematográfica.

La estancia de Federico García Lorca en Nueva York dio para algo más que Poeta en Nueva York y El Público. Allí Lorca escribió su único –y ampliamente desconocido- guión de cine. Viaje a la Luna es un conjunto de escenas garabateadas en unas pocas cuartillas, pero cuyo destino ha sido tan extraño como la naturaleza de sus imágenes.
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